Estoy pasando el primer fin de semana de noviembre en la casa familiar del pueblo. Últimamente venimos menos; lo de siempre: que nos hacemos mayores, que los mayores se han hecho viejos, demasiadas ocupaciones…
Estos días de otoño se hacen muy cortos: con el cambio de hora el día dura muy poco y a las seis ya casi es de noche. Pero el pueblo también tiene sus premios: los colores rojos y tejas del otoño en los bosques, la copa de pacharán junto al fuego en la chimenea.













