Bizcocho de pacharán



Hace ya algún tiempo un amigo, conocedor de mi pasión por el pacharán a cualquier hora, me dijo que sólo me faltaba tomarlo para desayunar. Así que el fin de semana siguiente le sorprendí llevándole este bizcocho para que lo tomara en el desayuno.
Es un bizcocho sorprendente por la estupenda combinación del sabor del pacharán con la naranja y, aunque es estupendo para desayunar, en realidad yo lo disfruto mucho más con el café después de comer. En ese caso lo coloco troceado sobre un plato y lo riego con un buen chorro de pacharán. El resultado es espectacular porque al emborracharlo de pacharán la mezcla de sabores es más impactante.


Ingredientes

. 3 huevos
. azúcar
. 1 yogur
. 1 sobre de levadura
. 2 naranjas
. harina
. aceite de oliva
. Pacharán Navarro (buscad el sello de garantía y que esté hecho con arañones navarros)
Elaboración

1.    Batir los tres huevos con una pizca de sal y añadir dos envases de yogur llenos de azúcar. Montar los huevos con la varilla (lleva unos 10 minutos) hace que el bizcocho suba mejor y quede más hueco.
2.    Continuar agitando y añadir el yogur y la levadura.
3.    Usar el envase para medir los demás ingredientes: 4 envases de harina, medio de oliva, uno de Pacharán Navarro. Añadir la harina tamizándola con un colador también hace que el bizcocho quede más hueco.
4.    Rallar la cáscara de las dos naranjas. Yo suelo cortar la piel dejando todo lo blanco en la naranja y luego la corto en tiras con un cuchillo. Creo que queda mejor, pero la verdad es que lo hago por una mala experiencia con el rallador.
5.    Mezclar bien y colocar en un molde untado de aceite. Lo ideal es que el molde sea alto y rectangular: si ponemos la masa en una capa alta quedarán más burbujas atrapadas y el bizcocho subirá más. Al tener poca superficie se mantendrá más alto y nunca se hundirá por el centro.
6.    Poner en el horno sin precalentar a una temperatura de 40 grados durante media hora. Esto hará que la levadura tenga más tiempo para actuar.
7.    Subir la temperatura a 160 grados (con temperatura superior e inferior) y mantener durante otra media hora.
8.    Abrir ligeramente el horno y dejar enfriar.
9.    Sacar del molde, cortar rodajas y trocearlas en un plato para emborracharlas ligeramente con Pacharán Navarro.

El pacharán tiene logo


Terminamos la comida familiar y ocurre lo de siempre: los niños huyen de la mesa al sofá a jugar con la electrónica mientras los demás, los adultos, nos quedamos en la mesa tomando una copa de pacharán navarro.

Peligro: no comparar


Estoy en la cama despierto; me he despertado al poco de dormirme y estoy intentando recuperar el sueño. Entonces comienzo a escuchar gemidos y enseguida me doy cuenta de que es una vecina expresando su placer en voz alta. Y me pasa lo que suele ocurrirme cuando me descubro escuchando una conversación ajena: me quedo quieto, como si al moverme pudiera hacer algún ruido que ellos advirtieran. Para escuchar ruidos están estos, pienso, dándome cuenta de lo absurdo de mi reacción.

La canción del pacharán



Terminando la comida de celebración el ambiente está muy distendido. Eso siempre significa voces más altas de lo necesario, risas como para que en la calle se enteren de lo bien que nos lo pasamos… Y cuando llegan las copas se comienzan a escuchar las primeras canciones.
Hoy presto especial atención a quien se levanta con la copa de pacharán navarro en la mano porque dice que va a cantar la canción del pacharán. Y entona el estribillo “pacharán más de mil años, muchos más…” A partir de ahí las risas siguen en aumento de forma que la canción deja de escucharse, bien porque el cantante ha callado o porque  queda tapada por las voces y risas… de forma que sólo he podido escuchar el pegadizo estribillo.

Tostada de foie con cebolla glaseada al pacharán



Hay quien piensa que proponer una receta para un pincho en el que utilicemos pacharán es arriesgado pero llevo tiempo haciendo éste que, además de fotogénico y sabroso, es bastante sencillo de preparar.

¿Escampará?



Disfruto los últimos sorbos de mi copa en mi momento pacharán, escuchando música mientras recuerdo cosas del día.
Esta tarde llegaba a casa a mi hora habitual. Venía pensando en la conversación que acababa de tener con dos compañeros de trabajo. Es fácil recordarla: se parece tanto a las que últimamente mantenemos con la familia, con los amigos. Conversaciones que hablan de cierres, despidos, prima de riesgo, crisis, todas ellas sin final porque cuanto más se habla peor es la situación que se describe. Un pozo sin fondo.

Pacharán y catarro


Ojeo titulares en el periódico del bar mientras tomo mi pacharán a pequeños sorbos, como a mí me gusta. A mi lado escucho un fuerte estornudo: mi compañero de barra lleva un trancazo tremendo.
Entonces recuerdo que hace sólo dos semanas era yo quien estaba acatarrado. Tanto que notaba continuamente una fuerte presión en la cabeza, los oidos taponados me obligaban a oir todo con un fondo de olas como si escuchara a través de una caracola y tenía la nariz totalmente atrofiada: casi no podía ni respirar y hasta yo notaba esa voz gangosa que tan divertida resulta a veces cuando se la escuchamos a los demás.

Peineta



Cada vez echan más tarde los partidos de fútbol en la televisión. Hace unos años podías verlos merendando con la cuadrilla. Más tarde coincidían con la cena. Pero hoy en día puedes verlos tranquilamente después de cenar, tomando una copa de pacharán navarro. Aunque también es cierto que hay días que puedes ver uno merendando, continuar con otro durante la cena y terminar la noche viendo otro tomando una copa.

El color del otoño: el color del pacharán

Estoy pasando el primer fin de semana de noviembre en la casa familiar del pueblo. Últimamente venimos menos; lo de siempre: que nos hacemos mayores, que los mayores se han hecho viejos, demasiadas ocupaciones…
Estos días de otoño se hacen muy cortos: con el cambio de hora el día dura muy poco y a las seis ya casi es de noche. Pero el pueblo también tiene sus premios: los colores rojos y tejas del otoño en los bosques, la copa de pacharán junto al fuego en la chimenea.

Vergüenza



Hoy estoy tomando una copa de pacharán mientras veo el telediario. La verdad es que no lo veo porque me interese, lo veo porque está puesto en la televisión del bar. Y lo veo sin oírlo mientras doy pequeños sorbos a mi copa.

Tomatas


Nada más terminar el verano comienzo a echar de menos la que considero su mejor fruta: los tomates. Y me doy cuenta de que hace sólo unos años no hacíamos más que quejarnos de lo malos que son los tomates: rojos muy brillantes, de forma uniforme, bonitos… pero insulsos. Sin embargo los últimos años hemos asistido a una irrupción de gran cantidad de variedades de tomate de sorprendentes formas e inmejorable sabor.

Arañón navarro



Hoy saboreo mi copa de pacharán navarro en el bar a pequeños sorbos, como a mí me gusta, y el sabor del pacharán trae a mi memoria el programa del pacharán navarro que hace poco vi en Agronavarra, programa de Navarra TV.

Contradicción


Entro en el bar mojado por el chaparrón. Además llevaba la chaqueta de cuero y se me ha empapado. Qué, no escuchaste la previsión, me dice uno de los habituales del bar. Pues claro que la oí, respondo algo irritado, pero no creí que fueran acertar. Cómo iba a llover con el buen día que hacía.
Vuelve a fastidiarme este espíritu mío de la contradicción, pienso, mientras me reconforto con un primer sorbo de pacharán.

Elegir pacharán


Estoy de nuevo en el bar, tomando mi copa de pacharán navarro. Y de nuevo escucho conversaciones robadas a otras gentes que están en la barra.
A mi lado una pareja pide dos vinos. ¿Rioja o navarro? pregunta el camarero. Da igual, responden, pero que sea crianza.

Comprar pacharán

Estoy haciendo la compra. En mi casa la hago siempre yo, es una de mis tareas y además me gusta. Tengo mi sistema: como los supermercados tienen un orden parecido me hago una lista siguiendo ese orden y así no doy vueltas buscando la siguiente cosa de la lista. Así es muy fácil hacer la compra.