El pacharán y los Reyes Magos


Las navidades nos traen recuerdos a todos: el árbol de Navidad, el pavo, los turrones. Los recuerdos pueden llegar a rivalizar entre sí: los Reyes Magos, el señor Noël, el Olentzero…
Dentro de esta rivalidad en mi infancia siempre ganaron los Reyes Magos. De niño me fastidiaba que llegaran tan tarde, al final de las Navidades, pero eso nunca supuso una merma en mi cariño. Quizás porque la ilusión tenía muchos días para crecer. Tanto crecía que la noche del día 5 era imposible dormir: qué me traerán, a ver si los oigo cuando lleguen...
Lo mismo les ocurre ahora a mis hijos. Les acuesto la noche del 5, después de la cabalgata, y sé que sólo dormirán a ratos. Casi toda la noche estarán esperando a oír algún ruido que delate la llegada de los Reyes. Por eso me tengo que esmerar para salir del piso y bajar al trastero sin hacer ruido. Más cuidadoso todavía soy cuando regreso entorpecido por los paquetes.
Con mucho cuidado dejo los paquetes al pié del árbol junto al vaso y la copa que dejaron los niños: el vaso de leche para los camellos, la copa de pacharán navarro para los reyes.
Entonces, más relajado, comienzo a disfrutar mi noche de Reyes: me siento y doy un sorbo de pacharán. Observo los regalos, el vaso de leche… y me doy cuenta de que el vaso de leche estará lleno por la mañana. Lo llevo a la cocina, vacío la mayor parte y lo vuelvo a poner al pié del árbol.
Sentado de nuevo junto al árbol disfruto de la copa de pacharán navarro a pequeños sorbos, como a mí me gusta. Y me imagino la cara de ilusión de los chicos al correr hacia los regalos.
Dejo la copa vacía junto al árbol y pienso: seguro que mañana se darán cuenta de que también a los Reyes Magos les gusta el pacharán navarro.
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