Tomatas


Nada más terminar el verano comienzo a echar de menos la que considero su mejor fruta: los tomates. Y me doy cuenta de que hace sólo unos años no hacíamos más que quejarnos de lo malos que son los tomates: rojos muy brillantes, de forma uniforme, bonitos… pero insulsos. Sin embargo los últimos años hemos asistido a una irrupción de gran cantidad de variedades de tomate de sorprendentes formas e inmejorable sabor.
Primero me encontré con el tomate del Baztán: tomates grandes, carnosos y sabrosos sobre todo si esperamos hasta agosto para comerlos totalmente maduros. Después comenzaron a verse en las fruterías otros tipos de tomates parecidos identificados por su origen en pueblos de la cuenca de Pamplona.
Y poco a poco comenzaron a recuperarse otras variedades hasta ahora prácticamente olvidadas como el Feo de Tudela, un tomate que vuelve a demostrar que lo atractivo no tiene por qué ser bello. Porque veo su aspecto irregular, tosco, y me recuerda a esos actores que nunca hacen papeles de galanes pero cuyo magnetismo eclipsa a quienes les superan en lo que los cánones marcan como belleza. Lo mismo le ocurre al Feo de Tudela: lo ves en una cesta rodeado de tomates bellos, lisos, uniformes y no dudas de que es al Feo a quien tú quieres.
Y desde luego todos ellos alcanzan lo sublime cuando proceden de una pequeña huerta. Claro que, quienes no le damos a la azada, quedamos expuestos a la generosidad de amigos y familiares que nos surtan de tomates, borrajas… Productos más ecológicos que lo que pueda marcar cualquier certificado: producción natural, kilómetro 0 (sin emisiones de CO2) y todo regado con el abono del cariño.
Hoy llego a Pamplona con una gran sorpresa. Ya estaba echando de menos los tomates pero Miguel me ha sorprendido con los que, ahora sí, estoy seguro, serán los últimos tomates del año. Él me dice siempre: no son tomates, son tomatas. Y sí que son distintas estas tomatas, tan grandes y tersas, sabrosas, carnosas, que nunca dejan el plato rastros de caldo…
Llego a casa pensando todo lo que voy a echar de menos el verano y, al dejar los tomates en la cocina, veo que mi mujer también dejó una bolsa en la encimera. La abro y descubro dos docenas de alcachofas. ¿Ya hay alcachofas? Sí, son de Santiago. 
Qué bien: ya ha empezado el otoño.
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